Siete días para recorrer El Salvador sin dejar nada por fuera: la capital, los volcanes, el lago, las huellas de los mayas, los pueblos de montaña con aroma a café y, para cerrar, el mar. Es el viaje más completo para conocer el país y entender por qué enamora a quien lo visita.
Empiezas mirando San Salvador desde lo alto del cráter de El Boquerón, entre neblina y verde. Luego bajas a la ciudad para recorrer su Centro Histórico renovado, conocer nuestras raíces en el Museo de Antropología y dejarte llevar por los colores de El Árbol de Dios, la casa del artista Fernando Llort.
Después subes al volcán de Santa Ana, el más alto del país, para ver de cerca su laguna turquesa dentro del cráter, y cierras la jornada con un paseo en lancha por el Lago de Coatepeque, de aguas azules rodeadas de montañas.
El viaje sigue con un regreso al pasado. En Joya de Cerén ves cómo vivía una aldea maya que la ceniza de un volcán dejó guardada tal como estaba, algo que no existe en ningún otro lugar. Recorres las pirámides de San Andrés, Tazumal y Casa Blanca, donde aprendes el secreto del añil y tiñes tu propio pañuelo de azul para llevártelo de recuerdo.
Bajas a Surf City, la costa de La Libertad, con sus playas de arena oscura y sus olas famosas en todo el mundo. Ahí eliges cómo vivirlo: un día de descanso en Los Farallones con almuerzo incluido, o una clase de surf de 90 minutos para animarte a tomar tu primera ola. Y al final de la tarde, uno de los atardeceres más bonitos del Pacífico.
Luego te vas a la montaña, a los pueblos de la Ruta de las Flores. En Nahuizalco conoces un pueblo de raíces indígenas, famoso por sus artesanías de tule y mimbre. En Concepción de Ataco caminas por calles empedradas donde casi cada pared está pintada con murales llenos de color. Y en la finca El Carmen Estate descubres de dónde sale nuestro café, desde la planta hasta la taza, rodeado de cafetales y aire fresco.
Todo desde un mismo hotel en San Salvador, con transporte privado y un guía que te acompaña en cada paso. Una semana para llevarte lo mejor de El Salvador: su historia, su naturaleza, su gente y su sabor.
Día 1 (martes) · Bienvenido a El Salvador
Te esperamos en el Aeropuerto Internacional San Óscar Arnulfo Romero. Desde ahí son unos 45 minutos hasta San Salvador, pasando por la zona costera y subiendo poco a poco hacia la capital. Al llegar al hotel tienes la tarde libre para descansar del vuelo o salir a caminar por los alrededores. Si te animas, es el momento perfecto para probar tus primeras pupusas, el plato que mejor nos representa. Alojamiento.
Día 2 (miércoles) · San Salvador de arriba abajo
Desayuno. Empezamos temprano subiendo al Parque Nacional El Boquerón, en la cima del volcán de San Salvador. El camino es fresco y verde, lleno de viveros de flores y cafés de montaña. Arriba, un sendero corto te lleva al borde del cráter, de casi un kilómetro y medio de ancho y más de 500 metros de profundidad. En el fondo se ve un pequeño cono llamado el Boqueroncito, que nació en la erupción de 1917. Desde los miradores tienes toda la ciudad a tus pies. De bajada visitamos El Árbol de Dios, la galería y taller de Fernando Llort, el artista que llenó de color el arte salvadoreño con sus casitas, flores y figuras sencillas. Es un buen lugar para conocer su historia y llevarte un recuerdo hecho a mano. Seguimos al MUNA, el Museo Nacional de Antropología, donde entiendes quiénes somos: los pueblos que vivieron aquí antes de la llegada de los españoles, sitios como Joya de Cerén y Tazumal, y las costumbres y artesanías que todavía se mantienen vivas. Después del almuerzo, que va incluido, terminamos en el Centro Histórico, que hoy luce completamente renovado. Recorremos la Plaza Gerardo Barrios, la Catedral Metropolitana, donde descansan los restos de San Óscar Romero, el Palacio Nacional, el Teatro Nacional y la Iglesia El Rosario, famosa por la luz de colores que entra por sus vitrales. Un día completo para ver cómo la ciudad mezcla su pasado con su nueva cara. Alojamiento.
Día 3 (jueves) · Volcán de Santa Ana, Cerro Verde y Lago de Coatepeque
Desayuno. Hoy es el día grande. Salimos temprano hacia el occidente del país, al Parque Nacional Los Volcanes, que está aproximadamente a una hora y media de San Salvador. Este parque reúne tres volcanes: el Cerro Verde, el Izalco y el Santa Ana, el más alto de todos con 2,381 metros. La caminata arranca en el sector San Blas, que es el sendero más usado y el más sencillo para llegar al borde del cráter. Subes con un guía local privado, a tu propio ritmo y con paradas en los miradores. El camino pasa por zonas de bosque y luego por roca volcánica, y el paisaje cambia a cada paso. Al llegar arriba te espera la recompensa: una laguna color turquesa dentro del cráter, con columnas de vapor que salen de la tierra. Desde la cima se ve el volcán de Izalco, conocido como el Faro del Pacífico porque estuvo en erupción casi sin parar por dos siglos, y abajo, el Lago de Coatepeque. Después bajamos justamente a ese lago, que se formó dentro de un antiguo volcán hundido. Ahí damos un paseo en lancha de 30 minutos por sus aguas azules, rodeadas de montañas. Hay tiempo para almorzar a la orilla del lago (el almuerzo de este día no está incluido) y por la tarde regresamos a San Salvador. Si prefieres algo más tranquilo, puedes cambiar la subida al Santa Ana por un recorrido dentro del Cerro Verde, entre bosque y miradores con vista al Izalco y al lago. Es al mismo precio. Alojamiento.
Día 4 (viernes) · Ruta arqueológica y la ciudad de Santa Ana
Desayuno. Hoy viajamos al pasado. La primera parada es Joya de Cerén, en San Juan Opico. Hace unos 1,400 años, la erupción de un volcán cercano cubrió de ceniza esta pequeña aldea maya y la dejó guardada tal como estaba. Por eso aquí no vas a ver grandes templos, sino algo mucho más raro: cómo vivía la gente común. Hay casas de bahareque, bodegas, cocinas con sus vasijas, un baño de vapor y hasta las huellas de los surcos de maíz. Es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y muchos la llaman la Pompeya de América. A pocos minutos está San Andrés, en el valle de Zapotitán, que fue un centro ceremonial importante entre los años 600 y 900. Recorres su acrópolis y sus pirámides cubiertas de grama, y también los restos de un antiguo obraje de añil de la época colonial. Seguimos hacia Chalchuapa, en Santa Ana, para conocer Tazumal, el sitio maya más famoso del país. Su gran pirámide escalonada fue habitada por más de mil años y su pequeño museo guarda piezas encontradas en el lugar. Muy cerca está Casa Blanca, otro parque arqueológico con sus propias pirámides y un taller de añil donde vivirás una de las experiencias más bonitas del viaje: aprendes cómo se saca el tinte azul de la planta de jiquilite, el famoso “oro azul” que El Salvador vendía al mundo en la colonia, y tiñes tu propio pañuelo para llevártelo de recuerdo. Cerramos el día en el centro de la ciudad de Santa Ana, frente al Parque Libertad, rodeado por tres joyas de la arquitectura: la Catedral, blanca y de estilo gótico, el Teatro de Santa Ana y el Palacio Municipal. Por la tarde regresamos a San Salvador. Alojamiento.
Día 5 (sábado) · Surf City: sol, mar y noche bohemia
Desayuno. Hoy bajamos a la costa. El Puerto de La Libertad está a unos 40 minutos de la capital y es el corazón de Surf City. Empezamos en el Mercado del Mar, donde los pescadores y cocineros del puerto venden lo mejor de la pesca del día. Reúne unos 20 restaurantes de mariscos, así que es el lugar perfecto para probar un buen ceviche o un coctel de conchas. De ahí caminamos al nuevo muelle turístico, que conecta el Mercado del Mar con la Plaza Gastronómica y el Sunset Park, y desde donde se ve la playa de punta a punta. Justo enfrente rompe Punta Roca, la ola más constante del país, así que casi siempre vas a ver surfistas de todo el mundo esperando su turno. Seguimos por la carretera del litoral hacia El Sunzal, una playa larga de arena oscura con otra de las olas más conocidas de la zona, y por la tarde eliges cómo vivir el mar:
Opción 1, pasadía en Los Farallones: un hotel frente al mar a pocos minutos de El Tunco y El Sunzal, con varias piscinas, una de ellas de agua salada, y almuerzo incluido. Ideal para descansar, nadar y no pensar en nada.
Opción 2, clase de surf de 90 minutos: un instructor te explica lo básico en la arena y luego te acompaña en el agua hasta que logres ponerte de pie en la tabla. No importa si nunca lo has intentado.
Al caer la tarde llegamos a El Tunco, el pueblito de playa con más ambiente del país, que debe su nombre a la gran roca en el mar que parece un cerdito (“tunco” en nuestro lenguaje). Ahí ves uno de esos atardeceres que solo da el Pacífico y te quedas a disfrutar la noche bohemia: calles llenas de restaurantes, bares con música en vivo y gente de todas partes. Después regresamos a San Salvador. Alojamiento.
Día 6 (domingo) · Ruta de las Flores: pueblos, café y aguas termales
Desayuno. Hoy subimos a la montaña del occidente para recorrer la Ruta de las Flores, una carretera que une pueblos de calles empedradas, iglesias antiguas y cafetales hasta donde alcanza la vista. El clima cambia apenas empiezas a subir: aquí todo es más fresco y verde. La primera parada es Nahuizalco, un pueblo de raíces indígenas famoso por sus muebles y artesanías tejidas a mano en tule y mimbre. Puedes ver a los artesanos trabajar y llevarte una pieza hecha frente a ti. Seguimos a Juayúa, el pueblo más alegre de la ruta. Su iglesia guarda la imagen del Cristo Negro, y como es domingo te toca vivir su feria gastronómica de fin de semana alrededor del parque central, con comida típica, frutas, dulces y artesanías. Es el mejor lugar del día para almorzar y probar de todo un poco. Después pasamos por Apaneca, uno de los pueblos más altos del país, rodeado de cafetales, viveros y neblina, y llegamos a Concepción de Ataco, el pueblo de los murales. Lo que empezó hace poco más de veinte años con una artesana que pintó la fachada de su tienda hoy cubre buena parte del centro: casi cada pared cuenta una historia con colores, flores y figuras. Caminar por sus calles es como pasear dentro de un cuadro. Muy cerca de Ataco está El Carmen Estate, sobre la carretera entre Ahuachapán y Sonsonate. Aquí haces el recorrido tradicional por el beneficio, una visita guiada por sus instalaciones para ver cómo el grano se transforma hasta convertirse en café. En esta zona el café se cultiva entre 1,400 y 1,600 metros de altura, y eso se nota en la taza. Al final lo pruebas como se hace en las casas salvadoreñas: colado en chorreador, despacio y con todo su aroma. Para cerrar el día, nada mejor que un baño en las aguas termales de la zona de Ahuachapán, donde el calor del volcán calienta el agua bajo la tierra. Te relajas en piscinas de distintas temperaturas rodeadas de naturaleza, el descanso perfecto después de una semana de recorridos. Por la noche regresamos a San Salvador. Alojamiento.
Día 7 (lunes) · Hasta pronto
Desayuno en el hotel y, según la hora de tu vuelo, te llevamos al aeropuerto. Te recomendamos llegar unas tres horas antes en vuelos internacionales. Si tu vuelo sale tarde, puedes aprovechar la mañana para hacer tus últimas compras. Fin de nuestros servicios.
Para la caminata al volcán lleva ropa cómoda, agua, gafas de sol, bloqueador solar, gorra y calzado adecuado para senderismo, y una chaqueta ligera porque arriba suele hacer viento y frío en la mañana. Ten en cuenta que, por seguridad, algunos recorridos al volcán pueden restringirse cuando hay vientos fuertes, y en esos días el guía decide hasta dónde se puede llegar. Para la ruta arqueológica conviene llevar gorra, agua y zapatos cómodos, porque los sitios son al aire libre. Para el día de playa, no olvides traje de baño, sandalias, bloqueador y una muda de ropa fresca para la noche en El Tunco. Y para la Ruta de las Flores, lleva un suéter porque en la montaña refresca, y otro traje de baño para las termales.
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